El joven británico que dejó su trabajo para vivir como Tarzán
DeWet Du Toit, de 24 años, cambió un supermercado por la selva africana en una historia tan extraña como perfecta para internet y la cultura pop.
DeWet Du Toit tenía 24 años, un trabajo como guardia de seguridad en un supermercado de Manchester y una obsesión bastante más intensa que coleccionar figuras, ver películas en bucle o defender una saga en Twitter como si fuera juicio en La Haya: quería vivir como Tarzán.
Según el relato original, el joven británico decidió dejar su empleo y lanzarse a una aventura radical en África, convencido de que su conexión con el legendario hombre de la selva no era solo una fantasía infantil, sino una especie de llamado personal. Una decisión que suena a película, a viral antiguo de internet y a conversación perfecta para decir: “ya, pero ¿esto pasó de verdad o alguien se pegó mucho Disney?”.
La historia, eso sí, debe leerse con cuidado. No hay antecedentes recientes suficientes para confirmar cuánto duró realmente esta experiencia, dónde se instaló exactamente ni qué pasó después con DeWet Du Toit. Pero como pieza de cultura pop, rareza humana y archivo insólito de internet, tiene todos los ingredientes para entrar directo al museo de “cosas que uno no tenía en la pauta, pero ahora necesita comentar”.
De guardia de seguridad a hombre de la selva
DeWet Du Toit habría trabajado como guardia de seguridad en un supermercado de Manchester, Inglaterra, antes de dejar esa vida urbana para perseguir una fantasía que lo acompañaba desde niño: convertirse en una versión real de Tarzán.
“La gente puede pensar que estoy loco”, declaró en el texto original. “Pero sé quién soy y estoy seguro de que esto es lo que quiero y para lo que he nacido. Definitivamente me identifico con Tarzán”.
Y ahí está el corazón de la historia: no se trata simplemente de alguien haciendo cosplay para una sesión de fotos ni de un influencer buscando likes entre lianas. Al menos según su propio relato, DeWet veía en Tarzán algo más profundo: una identidad, una forma de libertad y una conexión con la naturaleza que no encontraba en su vida cotidiana.
La obsesión venía desde su infancia, especialmente por el tiempo que pasó en Namibia junto a su padre, quien coleccionaba libros y revistas del personaje. Ese detalle ayuda a entender por qué Tarzán no era para él solo un héroe clásico de aventuras, sino una imagen instalada desde chico, de esas que se quedan dando vueltas hasta que un día alguien dice: “ya, basta de oficina, me voy a la selva”. No recomendamos probarlo sin plan, vacunas, experiencia, permisos y sentido común, por si acaso.
Tarzán como fantasía pop que se volvió plan de vida
Tarzán, creado por Edgar Rice Burroughs, es uno de esos personajes que se metieron tan fuerte en la cultura popular que incluso quienes nunca leyeron una novela saben de qué va la cosa: selva, lianas, grito famoso, animales, civilización versus naturaleza y una vida fuera de las reglas normales.
Por eso la historia de DeWet Du Toit engancha tan rápido. No es solo un joven abandonando un trabajo. Es alguien intentando convertir una fantasía cultural en rutina diaria. En vez de mirar aventuras desde el sillón, habría decidido meterse de lleno en una versión extrema de ese imaginario.
Según el texto base, sus días transcurrían entre vegetación, árboles, frutas e insectos, con una cámara para documentar cada paso de su nueva vida. Esa última parte es muy de nuestra época: incluso cuando alguien quiere escapar del mundo moderno, igual termina llevando una cámara. La selva será salvaje, pero el contenido manda.
La búsqueda de su “Jane”
El relato también incluye una confesión bastante humana: DeWet admitió sentirse solo en algunos momentos y aseguró que le gustaría encontrar a su “Jane” para compartir la experiencia.
“A veces me siento un poco solo, es cierto”, señaló. “Así que me encantaría encontrar a mi Jane para compartir el tiempo juntos”.
Más allá de lo llamativo, esa frase aterriza la historia. Porque una cosa es buscar libertad, naturaleza y aventura; otra muy distinta es descubrir que incluso el sueño más salvaje puede sentirse vacío si no hay con quién compartirlo. Tarzán con cámara, insectos y frutas suena intenso. Tarzán con soledad, un poquito más real.
Una rareza perfecta para la era viral
La historia de DeWet Du Toit funciona porque mezcla tres cosas que internet ama: una decisión extrema, una referencia pop reconocible y una cuota de “no puede ser, pero quiero seguir leyendo”.
En Sin Justificativo, este tipo de relatos entran en esa zona deliciosa entre lo insólito, lo geek y lo humano. No todo tiene que ser un tráiler de Marvel, una filtración de Nintendo o una nueva inteligencia artificial prometiendo cambiar el universo antes del almuerzo. A veces basta con un tipo dejando el supermercado para perseguir el sueño de ser Tarzán.
Eso sí: contado con contexto. Porque si la historia no tiene confirmaciones recientes, corresponde tratarla como rescate pop o curiosidad viral, no como noticia de último minuto. La diferencia importa. Internet ya tiene suficiente humo como para ponerle ventilador.
Lo que queda es una postal extraña y fascinante: un joven británico que, inspirado por un personaje nacido en la ficción, decidió probar suerte lejos de la ciudad y cerca de una idea muy romántica —y bastante peligrosa— de la naturaleza.
Puede sonar loco. Puede sonar libre. Puede sonar como el inicio de un documental rarísimo que verías a las dos de la mañana. Pero en tiempos donde medio mundo sueña con arrancar del trabajo, apagar el celular y desaparecer un rato, DeWet Du Toit llevó esa fantasía varios niveles más allá.
La mayoría pide vacaciones. Él pidió liana.


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