Supergirl aterriza en los cines chilenos este jueves 25 (Viernes 26 al resto del planeta) de junio con Milly Alcock al frente de una película que busca sacar a Kara Zor-El de la sombra de Superman. Las primeras reacciones ya hablan de una aventura espacial más áspera, emocional y con personalidad propia.
Supergirl aterriza en los cines chilenos este jueves 25 de junio con Milly Alcock como Kara Zor-El, y la película llega con una misión más pesada que levantar un bus escolar a punto de caer al abismo con una mano: convencer al público de que la prima de Superman no es simplemente “Superman en mujer”. Esa frase, además de floja, es casi un crimen contra el archivo DC.
La nueva película de DC Studios, dirigida por Craig Gillespie y escrita por Ana Nogueira, se estrenará el viernes 26 de junio en Estados Unidos y otros mercados internacionales. En la previa, las primeras reacciones han sido mayoritariamente positivas, destacando a Milly Alcock como el corazón de la película, aunque también han aparecido reparos sobre el villano y algunos tramos del guion.
Pero para entender por qué esta Supergirl importa, hay que mirar bastante más atrás que el tráiler, el traje, Lobo o la campaña promocional. Hay que volver a los cómics. A Krypton. A Argo City. A una adolescente que llegó tarde a su propia misión y terminó convertida en una de las figuras más trágicas, raras y potentes del universo DC.
Kara Zor-El: la heroína que sí recuerda Krypton
La gran diferencia entre Superman y Supergirl no está en los poderes. Ambos pueden volar, tienen superfuerza, visión de calor, sentidos aumentados y ese currículum kryptoniano que haría llorar a cualquier villano de gimnasio.
La diferencia está en la memoria.
Clark Kent llegó a la Tierra siendo un bebé. Para él, Krypton es una herencia, una historia familiar, un eco de algo que no vivió realmente. Su identidad se formó en Smallville, con Jonathan y Martha Kent, con humanidad, crianza y una idea de esperanza bastante limpia.
Kara Zor-El, en cambio, sí recuerda Krypton. Recuerda su planeta, su cultura, su familia, su idioma y su vida antes de la catástrofe. Supergirl no carga solo con el símbolo de la Casa de El: carga con el duelo de haber perdido un mundo entero.
Y ahí cambia todo.
Superman suele representar el ideal. La esperanza luminosa. El héroe que inspira porque fue criado desde el amor. Supergirl representa otra cosa: la rabia, la pérdida, el desarraigo, la sensación de no pertenecer y la reconstrucción después de una tragedia imposible de dimensionar. Suena intenso, sí, pero estamos hablando de una chica que sobrevivió a la muerte de su planeta. No precisamente un lunes fome de oficina.
El nacimiento de Supergirl en los cómics
Kara Zor-El debutó oficialmente en Action Comics #252, publicado en 1959, en la historia conocida como The Supergirl from Krypton. Fue creada por el guionista Otto Binder y el dibujante Al Plastino, en plena Edad de Plata del cómic, cuando DC estaba expandiendo la mitología de Superman con ideas que hoy parecen delirantes, pero que en ese momento eran combustible puro para la imaginación.
En su origen clásico, Kara vivía en Argo City, una ciudad kryptoniana que logró sobrevivir parcialmente a la destrucción de Krypton. Pero la suerte, como suele pasar en DC, duró lo justo y necesario para que llegara más drama. Cuando Argo quedó condenada por la radiación y la amenaza de meteoritos de kryptonita, sus padres, Zor-El y Alura, la enviaron a la Tierra.
La misión era clara: sobrevivir y, en teoría, proteger a su primo Kal-El.
El problema es que cuando Kara llega, Superman ya no es un bebé. Es un adulto. Es el gran héroe del planeta. La persona a la que ella debía cuidar ya no la necesita.
Ese detalle es clave. Supergirl nace desde el desfase. Desde llegar tarde. Desde descubrir que el propósito que te habían dado ya no existe. Y ese conflicto ha perseguido al personaje durante décadas.
En sus primeros años, Kara adoptó la identidad de Linda Lee, vivió en el orfanato de Midvale y fue entrenada en secreto por Superman. Sí, Superman básicamente la guardó como carta bajo la manga. Muy heroico todo, pero también medio “tengo una prima kryptoniana escondida por si acaso”. DC en los 60 no necesitaba terapia, necesitaba continuidad editorial.
La Supergirl luminosa, los años raros y el supergato
Durante la Edad de Plata, Supergirl fue una heroína más luminosa, adolescente, optimista y muy propia de su época. Participó en aventuras con la Legión de Super-Héroes, tuvo historias románticas, viajes temporales y una serie de elementos que hoy parecen escritos después de mezclar bebida energética con kriptonita.
Ahí aparecen joyas absolutamente absurdas y maravillosas como Streaky, el supergato, y Comet, el supercaballo. Sí, un caballo con poderes. Y sí, los cómics antiguos eran así: a veces épicos, a veces una fiebre con portada.
Pero incluso entre esos elementos más inocentes o derechamente delirantes, Kara empezó a ganar identidad propia. No era solo la prima de Superman. Era una heroína con público, con historias propias y con un lugar cada vez más firme dentro del universo DC.
En 1982 tuvo su propia colección regular, The Daring New Adventures of Supergirl, un intento de modernizarla y darle una vida más adulta, más independiente y menos amarrada a la sombra de Superman.
Y justo cuando parecía que DC podía consolidarla, llegó el martillazo cósmico.
Crisis en Tierras Infinitas: cuando Supergirl se volvió leyenda
En 1985, DC publicó Crisis en Tierras Infinitas, el evento que buscaba ordenar el caos de su multiverso. Había demasiadas Tierras, demasiadas versiones, demasiada continuidad cruzada y probablemente demasiados editores con dolor de cabeza.
La solución fue brutal: reiniciar el universo.
Y Supergirl pagó uno de los precios más altos.
En Crisis en Tierras Infinitas #7, Kara se enfrenta al Antimonitor para salvar a Superman y al multiverso. No pelea porque tenga garantizada la victoria. Pelea porque alguien tiene que hacerlo. Y muere.
La imagen de Superman sosteniendo el cuerpo sin vida de Supergirl se convirtió en una de las postales más icónicas y devastadoras de DC Comics. No era solo una muerte superheroica más. Era el momento en que Kara dejaba de ser “la prima de Superman” para transformarse en símbolo de sacrificio.
Después de eso, DC la borró de la continuidad durante años. La idea editorial era que Superman volviera a ser “el último hijo de Krypton”. O sea, para que Clark fuera único, Kara tenía que desaparecer. Muy ordenado para la continuidad, bastante cruel para el personaje.
Matrix, Linda Danvers y las Supergirls que no eran Kara
Lo más extraño es que DC eliminó a Kara Zor-El, pero no quiso quedarse sin una Supergirl. Entonces vinieron los experimentos.
A fines de los 80 apareció Matrix Supergirl, una forma de vida sintética proveniente de un universo de bolsillo. No era kryptoniana. No era Kara. Ni siquiera era exactamente humana. Tenía poderes parecidos a Superman, podía cambiar de forma y terminó siendo la Supergirl oficial durante una etapa bastante confusa.
Luego, en los 90, el guionista Peter David llevó el concepto hacia un territorio mucho más oscuro y psicológico con Linda Danvers, una versión donde Matrix se fusionaba con una joven humana. Esa etapa mezcló identidad, culpa, redención, religión, ángeles, demonios y trauma. O sea, DC dijo: “¿Y si hacemos Supergirl, pero con crisis espiritual incluida?”. Y funcionó mejor de lo que suena.
También apareció Cir-El, una supuesta hija futura de Superman que terminó siendo otra vuelta rara de continuidad. Para muchos lectores, todas estas versiones tenían ideas interesantes, pero la pregunta seguía sobre la mesa: ¿dónde está la verdadera Kara Zor-El?
El regreso de Kara y la Supergirl moderna
Kara volvió con fuerza en 2004, en la saga Superman/Batman, escrita por Jeph Loeb y dibujada por Michael Turner. Su regreso fue enorme, pero también polémico, especialmente por un diseño visual muy marcado por el fanservice de la época. Hermoso para algunos, discutible para otros, y bastante dosmilero en el sentido más complicado de la palabra.
Pero lo importante fue que Kara estaba de vuelta.
Desde entonces, DC comenzó a trabajar una Supergirl más moderna: menos ingenua, más alienada, más emocionalmente inestable y más consciente de su trauma. En The New 52, lanzado en 2011, Kara fue presentada como una joven confundida, furiosa y desconectada de la Tierra. Y tenía sentido: para ella, la destrucción de Krypton no era una leyenda lejana, era una herida abierta.
Luego, con DC Rebirth, el personaje recuperó parte de su luz clásica, pero manteniendo esa complejidad emocional que la hace mucho más interesante que una simple versión femenina de Superman.
La Supergirl moderna funciona mejor cuando abraza esa contradicción: puede ser poderosa, noble y luminosa, pero también rabiosa, impulsiva y rota. Porque la gracia del personaje no está en que sea perfecta. Está en que, después de perderlo todo, sigue intentando salvar a otros.
Woman of Tomorrow: el cómic que cambió la conversación
La película de 2026 bebe directamente de Supergirl: Woman of Tomorrow, la miniserie escrita por Tom King y dibujada por Bilquis Evely, publicada entre 2021 y 2022. Y aquí está, probablemente, la clave de todo lo que DC quiere hacer con el personaje en pantalla grande.
Esta historia presenta a Kara en una aventura espacial junto a Ruthye Marye Knoll, una joven alienígena que busca justicia por el asesinato de su padre. En el papel, parece una misión de venganza galáctica. En la práctica, es un western espacial sobre duelo, rabia, trauma, compasión y cansancio emocional.
Woman of Tomorrow entiende algo que durante años se pasó por alto: Kara no es interesante porque tenga los mismos poderes de Superman, sino porque su relación con el dolor es completamente distinta. Ella recuerda la destrucción. Ella sobrevivió al fin de su mundo. Ella no mira Krypton como una idea; lo mira como una cicatriz.
Por eso esta adaptación genera tanto ruido. No estamos ante una Supergirl adolescente, ingenua o decorativa. La película apunta a una Kara más endurecida, más sarcástica, más antiheroica y más cansada del universo. Una heroína que no llega a salvar el día con sonrisa de comercial, sino a atravesar la galaxia con heridas abiertas y un perro kryptoniano (CGI) al lado.
De Helen Slater a Milly Alcock: Supergirl en pantalla
Supergirl ya tuvo una vida audiovisual bastante movida antes de llegar al nuevo DCU.
En 1984, Helen Slater protagonizó la primera película del personaje. La cinta no fue un gran éxito comercial y arrastró problemas de guion y tono, pero con el tiempo ganó cierto estatus de culto. Slater, de hecho, sigue siendo querida por muchos fans y su versión dejó una huella importante.
Después vino Laura Vandervoort en Smallville, con una Kara más misteriosa y ligada a la mitología kryptoniana de la serie. Más tarde, Melissa Benoist llevó al personaje a una nueva generación con la serie Supergirl, estrenada en 2015, que durante seis temporadas exploró identidad, familia, periodismo, multiversos y heroísmo televisivo con altos y bajos, pero con una protagonista muy querida.
En 2023, Sasha Calle interpretó una versión más oscura y dura de Supergirl en The Flash. La película dividió bastante, pero su Kara dejó la sensación de que había potencial para algo más.
Ahora el turno es de Milly Alcock, conocida por House of the Dragon, quien llega al rol en un momento clave: DC está reconstruyendo su universo cinematográfico y necesita que Supergirl funcione no como apéndice de Superman, sino como una pieza con identidad propia.
Milly Alcock y Kara Zor-El: dos historias bajo presión
El casting de Alcock tiene algo interesante más allá del parecido físico o del factor estrella joven. Su propia llegada al personaje ha estado cruzada por ruido, entrevistas comentadas, titulares intensos y debates sobre el trato a las actrices dentro de franquicias gigantes.
Alcock viene de una serie como House of the Dragon, donde el fandom analiza cada gesto con precisión de maestre obsesivo. Ahora entra a DC, un territorio donde la gente puede discutir durante tres días si una capa tiene el tono correcto de rojo. Qué maravilla y qué agotador.
Y de alguna manera, esa presión dialoga con Kara.
Supergirl también ha vivido bajo comparación permanente. Durante décadas se le midió con la vara de Superman. Se le pidió justificar su existencia. Se le mató para ordenar la continuidad. Se le reemplazó por versiones alternativas. Se le trajo de vuelta. Se le reinventó. Se le volvió a explicar al público una y otra vez.
Kara Zor-El lleva más de 60 años demostrando que no es una sombra. Alcock llega ahora a intentar lo mismo en pantalla grande.
Por qué esta Supergirl puede ser importante para DC
El nuevo DCU no necesita solo películas correctas. Necesita personajes con identidad. Necesita que el público entienda por qué vale la pena seguir este universo más allá del cameo, la escena postcréditos o el “ahora sí se viene lo bueno”.
Supergirl puede aportar algo distinto. Una épica más espacial. Una protagonista más quebrada. Un tono más áspero. Una mirada al mito kryptoniano que no pase únicamente por la esperanza perfecta de Superman, sino por la supervivencia, el duelo y la rabia de quien perdió todo antes de aprender a volar.
Las primeras reacciones apuntan a que la película tiene personalidad, que Milly Alcock destaca y que el viaje de Kara podría convertirse en uno de los pilares emocionales del nuevo DCU. También hay críticas: el villano no habría convencido a todos y el guion tendría irregularidades. Bien. No todo tiene que llegar envuelto en fanfare celestial.
La gracia está en que Supergirl, como personaje, siempre ha sido irregular, contradictoria, golpeada y resistente. Ha sobrevivido a reinicios, muertes, reemplazos, versiones rarísimas, adaptaciones fallidas y décadas de comparaciones con Superman.
Y aun así sigue aquí.
Quizá ese es el verdadero poder de Kara Zor-El. No volar. No lanzar rayos por los ojos. No tener superfuerza. Sino seguir levantándose después de perder un planeta entero y demostrar que la esperanza también puede venir con rabia, cicatrices y cero ganas de caerle bien a todo el mundo.
Supergirl llega a Chile este 25 de junio. Y esta vez, si DC juega bien sus cartas, puede que el mundo por fin deje de mirarla como “la prima de Superman” y empiece a verla como lo que siempre fue: una de las heroínas más complejas, trágicas y potentes de todo el cómic superheroico.


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