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Político Terminó como mendigo tras ser engañado por una falsa cibernovia de Ucrania

Político Terminó como mendigo tras ser engañado por una falsa cibernovia de Ucrania

El político que viajó por amor a Ucrania y terminó viviendo en la calle

Cary Dolego llegó a Ucrania buscando una esposa, pero una supuesta estafa romántica lo dejó sin dinero, enfermo y durmiendo en la calle.

Hay historias de amor que terminan mal. Y después está lo de Cary Dolego, un estadounidense que viajó a Ucrania convencido de que encontraría una esposa y terminó convertido en protagonista involuntario de una de esas noticias rarísimas que internet jamás debería dejar morir.

El caso ocurrió en 2011, pero tiene todos los ingredientes de una advertencia moderna: citas online, falsas expectativas, cuentas intervenidas, plata evaporada, una ciudad desconocida y un giro tan absurdo que parece guion rechazado por Netflix por “poco creíble”.

De Arizona a Ucrania: el viaje que partió como búsqueda romántica

Cary Dolego, exaspirante político de Arizona y candidato independiente en la carrera por la gobernación de ese estado en 2010, llegó a Ucrania con una mezcla peligrosa: esperanza, fe en el amor por internet y una confianza que, vista con distancia, necesitaba antivirus emocional.

Según reportes publicados en ese momento por medios internacionales, Dolego viajó al país europeo y comenzó a comunicarse con una mujer llamada Yulia, a quien esperaba conocer en persona. La historia lo llevó hasta Chernivtsí, una ciudad del oeste de Ucrania, donde supuestamente ella lo estaría esperando.

Spoiler cruel: no lo estaba.

Una vez en la ciudad, Dolego se encontró solo, sin la persona que esperaba ver y con problemas para acceder a su dinero. La situación se le fue de las manos rápidamente. Pasó días durmiendo a la intemperie, sin recursos y cada vez más deteriorado físicamente.  (The Guardian)

Lo encontraron enfermo, sin dinero y viviendo en la calle

La historia dejó de ser una rareza romántica cuando voluntarios y trabajadores sociales lo encontraron viviendo entre personas sin hogar. Dolego estaba desaliñado, con hambre y enfermo. Finalmente fue hospitalizado con neumonía.

Lo que más llamó la atención de quienes lo auxiliaron fue que no se trataba de un turista perdido cualquiera. El hombre llevaba documentación estadounidense y había tenido actividad política en Arizona. También se le describía como alguien vinculado a proyectos científicos y técnicos, lo que hizo que el contraste fuera todavía más brutal: de candidato y viajero internacional a dormir en la calle por una historia nacida en internet.

Y sí, suena como esas cadenas de correo noventeras que advertían “cuidado con hablar con extraños en la red”, pero con presupuesto de tragedia real.

La misteriosa Yulia y el giro de la cuenta hackeada

El caso se volvió aún más extraño cuando apareció la explicación detrás del desencuentro. Según los reportes de la época, Yulia aseguró que alguien había intervenido o usado su cuenta en un sitio de citas para comunicarse con Dolego en su nombre.

Es decir: el estadounidense habría estado escribiéndose no necesariamente con la mujer que creía, sino con alguien que aprovechó su ilusión para sostener una relación digital falsa. Un catfish antes de que medio mundo usara la palabra catfish para todo.

Yulia, de acuerdo con esos mismos antecedentes, llegó a visitarlo al hospital, pero la situación distaba bastante del reencuentro romántico que Dolego imaginaba. Él creía que había una historia de amor en marcha. Ella, en cambio, habría quedado impactada por el nivel de expectativa que se había construido alrededor de mensajes que, según su versión, no venían realmente de ella.

Una historia vieja que sigue sonando demasiado actual

Aunque el caso ocurrió hace más de una década, envejeció con una vigencia incómoda. Hoy las estafas románticas, perfiles falsos, suplantaciones de identidad y engaños afectivos online siguen siendo parte del paisaje digital. Cambiaron las plataformas, mejoraron los filtros, llegaron las videollamadas, la inteligencia artificial y las verificaciones, pero el punto débil sigue siendo el mismo: las ganas humanas de creer.

Dolego terminó recibiendo ayuda y, según se informó entonces, gestionó su regreso a Estados Unidos con apoyo de la embajada. Pese a todo, no salió de Ucrania hablando pestes del país. Al contrario, destacó la hospitalidad de las personas que lo ayudaron y dejó entrever que su interés por encontrar pareja allí no había muerto del todo.

Eso ya entra en la categoría “compadre, el universo te mandó una señal con luces LED”.

Internet, amor y sentido común: una trilogía complicada

La historia de Cary Dolego funciona hoy como rescate pop porque mezcla tragedia, ingenuidad digital y ese costado surrealista de internet donde una conversación puede sentirse como destino… hasta que resulta ser una trampa con mala conexión.

No se trata de burlarse de alguien que terminó enfermo y vulnerable en otro país. El punto es más simple y más duro: cuando una relación online empieza a pedir saltos gigantes de confianza, viajes, dinero o decisiones de vida sin verificaciones básicas, conviene frenar antes de que el romanticismo termine pasando la noche en una plaza.

Internet puede conectar personas reales. También puede fabricar espejismos con nombre, foto bonita y promesas imposibles. Cary Dolego apostó por el amor y terminó encontrando una lección. Cara, helada y con neumonía incluida.



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