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Supergirl gusta al público, pero tropieza fuerte en taquilla

Supergirl gusta al público, pero tropieza fuerte en taquilla

La nueva película de DC encontró apoyo entre espectadores, pero su debut en boleterías quedó bajo lo esperado y abre dudas para el DCU. 

Supergirl está viviendo una de esas semanas raras que solo Hollywood sabe fabricar: parte del público la está defendiendo con ganas, pero la taquilla le está pasando la cuenta con la delicadeza de un kryptoniano cayendo sobre un techo de zinc.

La película protagonizada por Milly Alcock como Kara Zor-El llegó como una pieza importante del nuevo universo cinematográfico de DC Studios, liderado por James Gunn y Peter Safran. El problema es que, según los primeros reportes de taquilla, el vuelo no fue precisamente "super": el estreno habría rondado los 38 millones de dólares en Estados Unidos y 68 millones a nivel global, contra un presupuesto informado cercano a los 170 millones de dólares.

El público la recibió mejor que la crítica

El dato más interesante no está solo en la plata, sino en el contraste. Supergirl aparece en Rotten Tomatoes con un 54% de aprobación crítica y un 76% de recepción del público verificado, una separación que deja claro que la película no está generando una lectura única. Para algunos críticos, el nuevo capítulo de DC no termina de despegar; para parte de la audiencia, en cambio, Milly Alcock sí logra sostener emocionalmente a Kara.

Ese choque entre crítica tibia y público más generoso no es menor. En tiempos de fatiga superheroica, donde cada capa nueva tiene que justificar su existencia como si estuviera postulando a un crédito hipotecario, una buena recepción de espectadores puede darle algo de aire a una película que comercialmente partió complicada.

Pero la pregunta incómoda sigue ahí: ¿basta con gustarle al público que sí fue a verla si no va suficiente gente al cine?

Una película clave para el nuevo DCU

Supergirl no era solo “otra película de superhéroes”. Era una prueba de profundidad para el nuevo DCU después del impulso inicial de Superman. La cinta toma como base la energía de Supergirl: Woman of Tomorrow, con una Kara Zor-El marcada por el trauma, la rabia y un tono más espacial, menos luminoso que el de su primo. Esa diferencia era parte del atractivo: no vender a Supergirl como “Superman con pelo largo”, sino como una figura con heridas propias.

La dirección de Craig Gillespie y el guion de Ana Nogueira buscaron empujar la historia hacia una aventura más dura, emocional y cósmica. Sin embargo, medios como The Verge han apuntado que la película no habría logrado diferenciarse lo suficiente dentro del nuevo mapa de DC, especialmente tras el buen arranque que había tenido Superman.

Ahí está el dilema para Warner Bros. y DC Studios. La película puede tener una base de fans satisfecha, pero si el gran público no responde, el plan maestro empieza a crujir. Y cuando un universo cinematográfico cruje tan temprano, internet no escucha madera: escucha contenido.

Peter Safran intenta bajar el incendio

Desde DC Studios, Peter Safran reconoció que Supergirl no cumplió con las expectativas de taquilla, aunque defendió que la película forma parte de una estrategia más amplia para el futuro de la franquicia. Deadline también recogió esa lectura: el golpe existe, pero el estudio no quiere presentarlo como una sentencia de muerte para el DCU.

La posición tiene lógica empresarial. Un universo compartido no se construye solo con una película, pero tampoco puede permitirse demasiados tropezones consecutivos. Marvel aprendió eso a la mala en su fase más irregular, y DC ya venía de años donde cada estreno parecía examen de repetición.

Supergirl queda en una zona incómoda: no parece odiada por el público, pero tampoco fue el evento masivo que el estudio necesitaba. Es una diferencia importante. No estamos frente a un rechazo total, sino ante un problema de convocatoria.

La fatiga superheroica sigue cobrando peaje

El rendimiento de Supergirl vuelve a poner sobre la mesa un tema que Hollywood evita mirar de frente: ya no basta con poner un logo de cómic gigante en un afiche y esperar que el público llegue con la billetera en piloto automático. La audiencia está más selectiva, las plataformas acostumbraron a muchos a esperar el streaming y las salas están compitiendo contra todo: videojuegos, TikTok, fútbol, deudas, calor, frío y ese monstruo llamado “mejor la veo después”.

Además, Supergirl llegó en una cartelera competitiva. Toy Story 5 siguió dominando con fuerza y dejó a la nueva cinta de DC en segundo lugar, marcando otro contraste brutal: la nostalgia familiar todavía mueve masas, mientras que los superhéroes deben volver a convencer desde cero.



El problema no es Kara, es el modelo

Lo más justo sería separar a la protagonista del ruido industrial. Milly Alcock no parece ser el problema. De hecho, varias reacciones han destacado su carisma y su manera de darle peso emocional a Kara Zor-El. La duda está más arriba: en marketing, posicionamiento, calendario, tono y en la capacidad de DC para vender una película que no se sienta como tarea obligatoria dentro de una franquicia.

En Sin Justificativo lo vemos así: Supergirl no cayó porque el personaje no importe, ni la película sea mala o fome. Cayó porque el cine de superhéroes ya no tiene cheque en blanco. Ahora cada película tiene que ganarse la entrada, el meme, la conversación y el regreso a la sala.

Supergirl todavía puede encontrar vida larga con el boca a boca, mercados internacionales o su futura llegada digital. Pero su primera semana deja una lección clara para DC: el público puede querer a Kara, sí, pero quererla no siempre significa comprar la entrada el primer fin de semana.




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